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Breve pero sustanciosa entrevista en Acapulco con el master Guillermo Briseño

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“El rock indígena, un adolescente
con largo camino por recorrer”

Por ¬ Charlie Punketo

Guillermo Briseño, figura central del blues mexicano, observa atentamente los nuevos fenómenos del rock nacional. Y con especial interés, la explosión de bandas de jóvenes indígenas, derivada del programa federal llamado De Tradición y Nuevas Rolas. Aunque advierte: No están preparados, les falta mucho trabajo.
El entrañable Briseño, que lleva ¡nada más! 55 años en el rol, convertido en maestro formal de las nuevas generaciones tiene su propia escuela de música-, estuvo en Acapulco para dar una clínica a decenas de jóvenes miembros de bandas de rock y rap que cantan en su lengua materna.
“Tienen largo camino por delante, porque a pesar de que su propia existencia ya significa un avance musical, esto no implica que haya calidad en todas las agrupaciones”, observa.
En una breve entrevista, luego de la tocada en Sinfonía del Mar en la que actuaron 20 grupos, primero agradeció que lo hubieran invitado a participar en la formación de los chavos indígenas. Tengo como cinco años viniendo; por supuesto que mi vida es otra cosa: toco, compongo, escribo y aparte dirijo una escuela de rock y doy clases en ella, explica Briseño.
Estar con muchachos, en su mayoría muy jóvenes y que por primera vez salían de sus comunidades o de sus estados, fue para él, enternecedor. Tengo tantas ganas como estos chicos, que se acercan con unas caras dulces a preguntarme si oí avances en lo que hicieron y a confesarme que se adelantó el bajista y por eso se salieron de ritmo.
Pero, a su juicio, el horno todavía no tiene la temperatura correcta: Me da mucho gusto poder ayudarles, es muy honroso. Lo que me interesa de este proyecto no es lo espectacular o que vayan de acá para allá. Desde mi punto de vista todavía no están preparados para enfrentar condiciones de cuestión escénica y de altísima difusión”, asegura.
¿En qué nivel los vio?
No está parejo. Algunos tuvieron una mejor expresión que otros. Por ejemplo, el grupo de los chicos tojolabales lo hizo bastante bien, claro que hay cosas que se les pueden comentar, pero lo hicieron bastante bien, tan es así, que la gente se excitó mucho.También los de la zona mixe, de Veracruz, lo hicieron bastante bien, hubo detalles que me gustaría comentar con ellos, pero lo hicieron muy bien. No todos tienen esas características, por eso digo que no es parejo. ¿Cómo los veo? Pues les falta mucho trabajo, cuesta trabajo ser músico, todos los músicos que vienen a asesorarlos trabajan mucho para hacer lo suyo. Cuesta. Hay que ensayar, prepararse, componer, refinar, tomar alguna clase con alguien.
Una de las dificultades que Briseño encuentra entre los músicos en ciernes es su extrema juventud. Algunos, como los mayos (del grupo Los Alegres Venados), tenían 15 o16 años. Hay que tener paciencia. Pero también debemos ser exigentes, no soberbios ni mandones, pero la exigencia en las artes es así. Hay que prepararse y conocer. Tienen que leer, entre otras cosas, porque el hecho de que compongan en sus lenguas maternas, pues está muy bien, pero también en lenguas maternas se pueden decir tonterías. El chiste es que haya una estructuración en el sentido de la literatura, de la poesía en las lenguas originarias, y en la música igual: composición, percepción.
El concierto termina.
Sinfonía del Mar recibe a los borrachos de costumbre, los que van en sus vehículos, porque a ese lugar la policía no se acerca y se puede orinar en cualquier lugar oscuro. Sigue sonando un desastroso grupo callejero de banda sinaloense, ante una docena de espectadores, todos con cervezas en la mano.
¿Estás oyendo? Es muy lindo tener una tuba y una trompeta, solamente que el de la tuba no está tocando en el tono en el que está tocando la trompeta, dice entonces Briseño…Y se va.