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Danza a la milpa: un agradecimiento a las buenas cosechas

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Texto y fotos¬ Salvador Cisneros

Tlapa. Mujeres, ancianas y niñas indígenas náhuatl de la comunidad de Chiepetepec  participaron en la danza prehispánica del baile de la milpa. Rito que también es ofrecido al santo patrón San Miguel Arcángel, a quien agradecen por el año de buenas lluvias que generó una buena cosecha de maíz de temporada.

Como cada 28 de septiembre, cientas de mujeres acudieron con su milpa adornada de flores, pan y velas, se congregan alrededor de la capilla de San Miguel Arcángel, que se encuentra en la parte más alta de la comunidad para realizar el tradicional baile, con el cual agradecen a sus deidades por el buen maíz que la madre tierra les ofreció para que familias puedan alimentarse.

Este año, sorprendió la participación dentro del baile de una infinidad de niñas y niños indígenas que bailaron junto a sus mamás o abuelas, cargando, las niñas, una milpa y, los niños, una pequeña calabaza. Años anteriores sólo se notaba la participación de mujeres y ancianas.

Una vez reunidas en la capilla de San Miguel Arcángel, todas las mujeres indígenas  comienzan a bailar alrededor del santuario al ritmo de las bandas de viento de chile frito que amenizan el ritual y dan vida al ofrecimiento a las deidades.

Luego de algunas horas de ofrecimiento, las indígenas, con su milpa en brazos, acompañan en procesión al santo hasta la iglesia en el centro de la comunidad en donde se queda hasta más tarde y las mujeres regresan la milpa a los altares puestos en cada casa.

 La señora María Nicolasa Villa de la Cruz, una indígena de 85 años, acudió a la capilla de San Miguel Arcángel para participar en el baile que ofrecen todas las mujeres indígenas en agradecimiento de sus familias por el tlacolol (siembra).

Al concluir la danza de la milpa, las mujeres y hombres de la comunidad regresan en procesión con la imagen de San Miguel Arcángel hacia la iglesia del centro de la comunidad.

Las familias regresan por la tarde a sus hogares para colocar la ofrenda de alimento en un pequeño altar adornado con flores de pericón en la que colocan su milpa; en el altar ofrecen de comer tamales nejos, mole de guajolote, café, además de colocar palas y picos como símbolo de las herramientas de trabajo que ayudan al cultivo y cosecha de la milpa.

Para las familias indígenas, el maíz ha sido la única forma de alimento y sustento para las generaciones que han crecido dentro de la comunidad.

María Nicolasa, junto a su difunto marido, cosechaban alrededor de 10 hectáreas de maíz para poderse alimentar y vender alguna parte de ella y sacar adelante a los 8 hijos que tuvieron en su precario pero feliz matrimonio.

A pesar de su avanzada edad, continúa asistiendo año con año a la danza de la milpa y así lo hará hasta que sus piernas la puedan llevar hasta la capilla de San Miguel.

La madre de María Nicolasa le entregó un iden (ídolo), que a la vez su abuela le entregó a su madre. Este ídolo es el símbolo del maíz que es colocado en el altar donde ofrecen el alimento a la milpa. Según las creencias indígenas el ídolo es una deidad quien bendice su hogar y ayuda a intervenir en las peticiones con los seres del más allá para bendecir la tierra y de esta pueda brotar el alimento para las familias.

Con ayuda de su hija para traducir al español, María Nicolasa expresó en náhuatl, su lengua materna, lo sorprendida que estaba al ver este año la participación de muchas niñas y niños, lo que representa para la comunidad una fuerza en sus  costumbres y tradiciones, además, la obligación de los padres de inculcar las creencias a las nuevas generaciones para que puedan prevalecer durante los años como parte de un rito originario que genera el bienestar para la comunidad.