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“Desde la iglesia no se puede ser indiferente a la violencia en Guerrero”

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Foto¬ Natividad Ambrocio

Entrevista al padre Óscar, cobijo de Los Otros Desaparecidos

 

Por¬ Natividad Ambrocio

Iguala.- Para revertir la violencia, la corrupción y el dolor que provocan algunas personas en todos los ámbitos desde el gobierno hasta la delincuencia organizada, el sacerdote de la parroquia de San  Gerardo María Mayela, Óscar Mauricio Prudenciano González, dijo que trabaja para formar y educar a los constructores de la paz, que son los niños, adolescentes y jóvenes igualtecos y guerrerenses.

En entrevista, el padre Óscar recordó que en mayo del 2013, cuando era el párroco de una iglesia en el municipio de Apaxtla de Castrejón, quedó atrapado en medio de un enfrentamiento entre los cárteles de Guerreros Unidos y La Familia Michoacana, al dirigirse a un poblado rural para oficiar una celebración bautismal.

Y de aquella balacera, recuerda que salió huyendo hacia el monte, dejando atrás su camioneta incendiada en el camino y que por ese antecedente lo trasladaron a la parroquia de San Gerardo María Mayela de Iguala, donde supuestamente estaría más tranquilo, pero cuando llego a la Cuna de la Bandera se enfrentó con la desaparición de los 43 estudiantes normalistas,.

Y su labor de la pastoral social empezó cuando permitió que los padres de familia de los normalistas desaparecidos se quedaran por una semana a pernoctar en la parroquia de la cual partían hacia varios lugares a buscar a sus hijos desaparecidos, donde localizaron varias fosas clandestinas con decenas de cuerpos, Y a partir de ese momento cientos de familias llegaron para saber quiénes eran los cuerpos y huesos localizados en entierros clandestinos.

Dice que las víctimas de desaparición forzada empezaron a organizarse al mando de Miguel Jiménez Blanco, luego llegó Ciencia Forense con las pruebas de ADN, y el grupo creció al grado que fueron ellos quienes se organizaron para buscar más fosas. Y agrega que durante dos años, familiares de personas desaparecidas se unieron y subieron a buscar a sus familiares en fosas.

“Por la experiencia que yo viví no pude ser indiferente al dolor de las familias y abrí las puertas de la iglesia para que esas familias encontraran un refugio a la parroquia,

porque la iglesia es la casa de todos y refugio de pecadores, donde podemos encontrar paz”, expresó.

Subrayó diciendo que la violencia ha rebasado a todos los sectores de la población y que el hecho de apoyar  familias o personas que sufrieron el dolor de un secuestro, levantón o  asesinato y víctimas de violencia, se ha convertido en un apartado en la iglesia que es la pastoral social donde los sacerdotes no sólo celebran misas sino que se preocupan con lo que pasa con la humanidad y la sociedad.

“Es una gran tragedia humanitaria lo que paso con los normalistas y es algo que no debió pasar nunca y la lección que aprendo es que cada vez más los seres humanos nos estamos descomponiendo y es lamentable que se desaparecieran a jóvenes y es una experiencia trágica, humanamente trágica”, añadió.

Lamentó que sean las autoridades elegidas para proteger y brindar seguridad a  un pueblo las que participan en las desapariciones y sean quienes hacen el mayor  daño a la gente, “es triste que en todos los niveles de gobierno hay corrupción incluso lazos con el crimen organizado, lo cual ha generado que muchos políticos trabajen por sus intereses y no del pueblo. México es uno de los países más corruptos”.

Habló también que la sociedad juzga sin antes saber, debido a que en muchas ocasiones, quienes no han sufrido la violencia, no lo entienden, porque piensan que aquellos que son víctimas de la violencia es porque son delincuentes o están implicados en algo.

Dijo que el apoyar a los padres de familia de los 43 estudiantes normalistas como a Los Otros Desaparecidos de Iguala, lo ha hecho como persona, sacerdote e hijo de familia, pero que también vive con mucho miedo, y por ello trabaja para aportar y abonar para que cese la violencia formando niños, adolescentes y jóvenes constructores de la paz.

Además de que a raíz del grupo, le surgió la idea de la creación de la casa Siloe, la cual será una casa de integración, que concentrara médicos, abogados, psicólogos, quienes darán atención a la gente que viva en la pobreza y necesite ayuda como  alimentos.

“Es el tiempo de sembrar por ello, trabaja con los niños, adolescentes y jóvenes con el respeto a la vida, al semejante y sobre todo ser constructores de paz. Y nos hemos propuesto en la catequesis desde los 4 años sean constructores de paz”, concluyó el sacerdote de la parroquia de San Gerardo María Mayela.

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Foto¬ Natividad Ambrocio
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Foto¬ Natividad Ambrocio