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El peor alcalde de Guerrero

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Foto¬ Javier Verdín

Chilpancingo y su MAL gobierno

A un año de haber tomado posesión como presidente municipal, a Chilpancingo lo ahogan la basura, la falta de agua, el mal alumbrado, los carteristas, los cientos de baches, el cierre de negocios, los olores fétidos, los taxis piratas y la creciente, creciente inseguridad, Lo único que florece son las funerarias.

Por¬ Vania Pigeonutt

 

La explanada del Auditorio Sentimientos de la Nación, en Chilpancingo,  huele a una intensa mezcla de comidas: se reparten gratis tacos al pastor, de guisado con arroz, mole con pollo, aporreadillo, mientras unas hieleras son atendidas por entusiastas jóvenes priístas que distribuyen aguas, escurriéndoles más agua, para mitigar el calor. Señoras han bajado este día de colonias populares acarreadas por sus líderes, y portan playeras rojas con dos iniciales en el pecho: “ML”.

 Son parte de la verbena popular.

— ¡Ora ML!—, comenta una asistente al Primer informe del alcalde de Chilpancingo, Marco Antonio Leyva, cuya abreviación: MAL, ha sido empleada para nombrarlo durante su período.

— ¡Ni que lo malo se borrara con una letra!-, completa.

Su acompañante ríe y se lleva una mano al fleco.

En la planta baja del Auditorio, entre las pinturas de artistas del Río Balsas con sus finos delineados en negro, que cuentan la historia del estado en las paredes, los anuncios te sitúan: Primer informe del gobierno municipal: Todos Somos Chilpancingo. Comienza la galería del Marco benefactor: fotografías a escala de Marco Leyva entregándole un obsequio a una niña, abrazando a una anciana.

 A un lado de su publicidad se contonean mujeres vestidas con el traje de acateca: falda negra y blusa blanca bordadas a mano, preparadas para bailar; tlacololeros con sus máscaras de tigre, viejo o mulato, listos también. Ensayan, se prueban sus máscaras, retumban sus chirriones en el suelo, sacan selfies; adentro el edil, impecable con corbata verde limón y un traje negro no para de hablar.

El auditorio está casi repleto, sólo los últimos palcos lucen vacíos. En la primera fila la diputada federal y líder del sindicato de Salud desde hace ocho años, Beatriz Vélez, a su lado el senador aguirrista, Sofío Ramírez, le siguen José Luis Parcero, dirigente del PRI en Guerrero, el comisionado de la Policía Federal en el estado, el ex alcalde de Acapulco, Manuel Añorve y Jorge Salgado, director del Instituto Estatal para la Educación de Jóvenes y Adultos de Guerrero (IEEJAG).

Llegó minutos después de iniciado el acto el secretario General de Gobierno, Florencio Salazar Adame. Vino el vocero del Grupo de Coordinación Guerrero, Roberto Álvarez. Diputados locales, como la priista María Luisa Vargas. No vino la presidenta del Congreso, Flor Añorve Baños, ni el gobernador del estado, Héctor Astudillo, a quien Leyva menciona con alabanzas en varias ocasiones.

Es 7 de octubre de 2016, ha pasado un año de que Marco Leyva tomara el control de Chilpancingo, una capital con problemas añejos como la falta de agua y de un relleno sanitario que no se han resuelto, y otros que han ido en ascenso como el número de homicidios dolosos, más de 200 en lo que va del año y la violencia en la ciudad, que la coloca como una de las 10 menos seguras del país.

 A pesar de las críticas de varios sectores  de la población y organizaciones como Levantemos Chilpancingo, que se quejan por la falta de agua, de luminarias, de inseguridad; incluso de actos de corrupción, en el año que va de la administración priista, éste les asegura en su primer informe que no se va. Lanza a sus detractores: “Les propongo  una tregua, formar un gran pacto”.

Leyva ha sido criticado por no resolver, incluso, retardar el problema de la basura, —el relleno sanitario que de acuerdo a la  Procuraduría de Protección Ecológica del Estado de Guerrero (Propeg) debió clausurarse desde 2008, cuando el actual gobernador, Héctor Astudillo Flores era edil de Chilpancingo—.

Además de la inseguridad, la semana de su informe fueron asesinadas cinco personas. 23 en octubre. Casi una diaria.

El 4 de octubre ocurrió el homicidio de cuatro personas: dos normalistas de Ayotzinapa, el chofer de una urvan y un trabajador del IEEJAG por jóvenes, que según la Fiscalía estaban borrachos y drogados. Aún así, el edil presumió que: “el homicidio doloso bajó el pasado mes (septiembre) arriba del 25% y el secuestro y la extorsión van a la baja (hubo 12 homicidios, el mes más violento, julio con 32)”.

Levantemos Chilpancingo, dirigida por Francisco Osorio, ex funcionario municipal con el ex alcalde Mario Moreno, ha declarado que es la peor administración que ha habido en la capital; incluso peor que la de Efrén Leyva (1990-1993) quien también ha contado con ese calificativo por diversos sectores. En la capital siempre ha gobernado el PRI.

Aunque el basurero debió estar en los límites de Tixtla, desde el anterior periodo, mínimo, Leyva atajó el tema: “Existe una celda emergente construida en su totalidad y con todos los permisos vigentes, salvo los que corresponden darlos al municipio de Tixtla, si existiera la voluntad política de hacerlo, el problema estaría resuelto mañana”.

Leyva ha peleado con el edil perredista de Tixtla, Hossein Nabor Guillén sobre el tema, éste ha dicho que no hay condiciones de que se traslade allá y con el edil de Zumpango, Pablo Higuera quien dice lo mismo, ambos del PRD.

Desde 2008, académicos como Ángel Almazán Juárez, investigador en ciencias naturales de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) han alertado que las 300 toneladas diarias de basura que genera la capital, pueden provocar una explosión. Hay fétidos olores a la fecha y vecinos de la zona sureste de Chilpancingo han realizado varias protestas al respecto.

Justifica que no hay luz en la ciudad, queja recurrente en vecinos de colonias como la Guerrero 200, apartadas como la Rosario Ibarra, Antorcha Popular, Emiliano Zapata: “En materia de servicios públicos el déficit de 13 mil luminarias en el municipio me complace señalar que para el mes de Febrero se habrán de colocar en la ciudad 7 mil luminarias, lo que habremos alcanzado cobertura en más del 50%”.

A Marco Leyva le han llovido protestas, desde los dirigentes y choferes de las camionetas recolectoras “La basura jefa” para exigir la baja de unidades piratas que saturan el de por sí repleto relleno sanitario; trabajadores sindicalizados y extraordinarios en demanda de incremento salarial y prestaciones; empleados de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado de Chilpancingo para pedirle apoyos y bonos atrasados desde 2015.

Antorcha Campesina le ha protestado, hasta periodistas para exigirle respeto. Lo que ha costado cinco cambios, dos de ellos en Finanzas y Comunicación.

Hoy está de fiesta, días antes desactivó todas las movilizaciones: los de la basura pretendían tirarle al menos media tonelada el día de su informe; los de Antorcha hablaron de ir, pero milagrosamente todo era música y hurras para Leyva, quien aprovecha el respaldo que se acondicionó y dice: “En política no hay cargos eternos. Tienen su temporalidad en la ley”, dijo que se queda y atajó: “En la política los problemas no se resuelven, se multiplican”.

 

***

 

Un día antes del informe del alcalde, el papá de Marco, chofer de la ruta Ampliación Reforma asesinado en la Nueva Revolución, casi a la salida a Tixtla, luego de que presuntos homicidas mataran a dos normalistas y a un maestro llegaba de enterrarlo. Traía pala y machete y los ojos llorosos.

El señor canoso, de 60 años compartió que Marco era cristiano como toda su familia, tenía 39 años de edad y fue la cuarta víctima de ese día, pero de muchas que ha enlutado hogares la delincuencia. Dijo que: “No encontramos apoyo. No podemos poner denuncia, hay represalias, las autoridades han permitido que esta situación se salga de control. Nos dejan desprotegidos”.

Marco fue la cuarta víctima en los hechos donde Jonathan Morales y Filimón Tacuba, normalistas de cuarto año en Ayotzinapa murieron a manos de hombres que quisieron asaltarlos, según la versión oficial y luego de que los estudiantes se opusieron los mataron con una pistola calibre 22.

No es el único caso, el 11 de junio pasado, Juan Carlos Anguiano Vázquez, fue asesinado de doce balazos al salir de un antro en la zona de hospitales de la capital. El joven tenía 27 años de edad era Ingeniero Químico y le empezaba a ir bien en su comercializadora hasta que decidieron asesinarlo.

Su mamá, Jacqueline Vázquez, trabajadora en la Comisión de los Derechos Humanos del Estado de Guerrero (Coddehum) se quejó de la estigmatización a la juventud, de que ya los jóvenes no pueden divertirse sin ser criticados en estos tiempos de violencia.  “La gente es muy cruel, el propio alcalde (Marco Leyva) declaró que eso les pasa a los involucrados”.

Su hijo se negaba a someterse, cuenta Jacqueline que le decía: “¿Pero por qué no voy a salir mamá?, No le hago nada a nadie, tampoco mis amigos”. Ese día Juan Carlos no ingirió alcohol. Y las investigaciones a la distancia no han arrojado muchos datos de sus homicidas. Jacqueline se queja también de la falta de apoyo gubernamental.

Aunque al alcalde le ha tocado una herencia de problemas, la inseguridad ha aumentado en su periodo. En lo que va del periodo de Marco Leyva han ocurrido 243 homicidios, en los últimos tres meses la tendencia se ha mantenido: 22 en agosto, 24 en septiembre y 23 en octubre. En lo que va del año 204 homicidios dolosos. Los crímenes han aumentado drásticamente en una década.

La Secretaría de Seguridad Pública Municipal reporta que el mes más violento en lo que va del año  fue junio con 32 homicidios dolosos, seguido de enero y julio con 26 muertos y en después septiembre; Chilpancingo representa poco más del 15% de la tasa de asesinatos en todo el estado.

En entrevista para Liberación Guerrero, el empresario Francisco Osorio, presidente de la asociación civil, Levantemos Chilpancingo, considera que de 2010 ha cambiado la cotidianidad en la capital y el tejido social está roto. “Nos tenemos que cuidar más, la conducta de todos se ha modificado por miedo, muchos han cerrado sus negocios, la gente no habla de la violencia como tal”.

Su organización ha criticado que en estos tiempos de inseguridad el alcalde se haya cerrado puertas con casi todos los sectores; por ejemplo, el presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) cuyo negocio familiar comenzó hace 47 años, Adrián Alarcón Ríos asegura que Chilpancingo está en uno de sus momentos más críticos y no ve que el municipio colabore.

Reporta una baja de ingresos hasta del 70%, ventas del 30% y el único negocio que ha crecido es el de la muerte hasta en un mil 500%: proliferación de capillas, funerarias, contratación de sacerdotes y pastores; hasta una tienda de armas sobre el río Huacapa.

 “Mi negocio está blindado, he pensado irme porque se han cerrado en lo que va del año unos 200 negocios ante el acoso de la delincuencia”, el secuestro si ha bajado, a diferencia de 2012 y 2013 los años que más reportaron este delito. Este han ocurrido 60.

 Este año la delincuencia ha cobrado la vida de maestros, amas de casa, estudiantes, como el docente del Tecnológico de Estudios Superiores de Chilpancingo, José María, asesinado el 19 de agosto de un balazo en la sien a la salida de su casa o el 3 de agosto a dos jóvenes. La gente reporta otra percepción de más violencia.

 

***

 El día de su informe Marco Leyva se refirió breve al problema de la inseguridad, una de las peticiones más fuertes que le han hecho durante su gobierno.

“En materia de seguridad el reto es mayúsculo. Se ha impulsado la certificación de 119 policías, su capacitación en derechos humanos, nuevo sistema de justicia penal, homologado sueldos, becas, útiles escolares, nuevos uniformes y estímulo a la vivienda… Se han adquirido 6 nuevas patrullas que arribarán en próximos días, 6 motocicletas que están en servicio ya, se conformará una unidad de guardia blanca con jóvenes salidos del servicio militar en la zona del centro”.

Agregó que “se han instalado 48 alarmas vecinales y el programa del vecino vigilante tiene ya 107 comités en 160 colonias”.

Pero obvió temas que aunque no surgieron en su administración mantienen en vilo a la población sobre todo de las comunidades: las disputas entre guardias civiles. Apenas el 23 de octubre siete policías comunitarios muertos fue el saldo de un enfrentamiento entre dos grupos de guardias locales en la comunidad de Tlayolapa, Juan R. Escudero. El gobierno estatal dice que fue una emboscada.

De acuerdo a la versión oficial integrantes del Frente Unido Para la Seguridad y Desarrollo del Estado de Guerrero (FUSDEG) emboscaron a miembros del Sistema de Seguridad y Justicia Ciudadana (SSyJC) de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), murieron uno y seis respectivamente.

Esto provocó bloqueos en la carretera federal México- Acapulco, a la altura de El Ocotito, una de las comunidades más grandes que tiene el municipio, que junto a Petaquillas, otra localidad, tienen Policía Comunitaria. Entre ambas agrupaciones reportan al menos 28 asesinados en un año; algunos miembros portan armas de uso exclusivo del Ejército.

Quizá a eso se refería cuando dijo que el reto era mayúsculo.

La combinación de problemas que hay en la capital, como la acumulación de más de 3 toneladas diarias con sólo 14 carros del municipio para 600 colonias, los homicidios dolosos por la pugna de grupos que según la Fiscalía operan en la capital como Los Rojos y el Cartel Independiente de la Sierra, la proliferación de taxis piratas, los carteristas del centro y la falta de agua y alumbrado público, son de las problemas que la ciudadanía ha manifestado que se resuelvan en foros.

El 7 de octubre, afuera del Sentimientos de la Nación una señora confiesa que llegó a la verbena porque no había comido en todo el día, “una señora me regaló unos tacos para mí y para mis hijos, y unas aguas de jamaica. ¡Qué voy a conocer yo a ese señor, y eso que me la pasó haciendo mandados por el ayuntamiento!”.

Foto¬ Alejandrino González
Foto¬ Alejandrino González