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Joven guerrerense desea llevar su arte circense a un gran escenario

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ACAPULCO, Gro.- Ángel Arellanes Hernández es un joven de 21 años que dejó sus estudios de preparatoria para dedicarse a lo que más le gusta y le apasiona aprender, que es el arte circense, el cual ha dejado de ser exclusivo de esos escenarios y ahora se observa en los cruceros de las avenidas de Acapulco.

Ángel, quien se salió de su casa para vivir de manera independiente hace cuatro años, es un artista callejero que da diferentes espectáculos en los cruceros de las principales avenidas del puerto. También, junto con siete de sus compañeros que forman un colectivo artístico, tres de ellos bailan y el resto son malabaristas y un tatuador, ofrecen sus actividad circense en fiestas, bodas, XV años y eventos para niños en escuelas, pero con un vestuario más elegante.

Ángel relató que por falta de recursos en su casa, abandonó sus estudios donde curso hasta segundo año de preparatoria y prefirió salirse para buscar un trabajo y ser independiente.

“Cuando decidí meterme a esta actividad del malabar, se lo dije a mis padres y sólo me dijeron que me cuidará y fue una decisión que yo tome para salir adelante y por mi mismo, voy viendo como es la vida”, refirió.

Dijo que las actividades de malabar con golo al aire, lo hace por algunas horas y cambia constantemente de lugar, porque la autoridad municipal se los ha prohibido con el argumento de que generan un mal aspecto para los turistas. Cuando se ha resistido a retirarse de las calles, los elementos de la policía municipal se lo han llevado detenido hasta en tres o cuatro ocasiones.

Lamentó que tanto la autoridad municipal y algunas personas no aprecien ni valoren a los artistas callejeros y piensan que las acrobacias, malabares o el baile que realizan para ganar dinero, es para drogarse.

“Hemos recibido comentarios de la gente que nos pide que busquemos trabajo, otros dicen que nos pongamos a estudiar y otros nos comentan que no utilicemos el dinero para drogas, pero cada quien tiene su forma de pensar y sólo nos critican por como nos ven vestidos”, expresó.

Sin embargo, dijo que los jóvenes que hacen arte circense o circo callejero, es porque expresan lo que les gusta y no es para robar, como la gente a veces piensa de ellos al verlos.

“Hacemos lo que nos gusta y expresamos lo que somos simplemente, lo que sentimos haciendo malabares y no robamos a la gente como piensan algunas personas al vernos o por la vestimenta que usamos”, precisó.

A través de malabares con golo, insiste Ángel que él expresa lo que le gusta, pero también pide que la gente valore lo que hace durante su espectáculo que ofrece en 60 segundos en un crucero cuando el semáforo está en rojo.

Muchas veces se ha encontrado con automovilistas que por la prisa casi le echan el carro encima. Ángel, recordó que antes de iniciar en el arte circense, trabajaba en una tortillería, donde ganaba 150 pesos por laborar de un horario de 7:00 de la mañana a las 21:00 horas.

Dijo que él empezó en el arte circense hace cuatro años cuando su amigo, quien hacía diferentes actividades artísticas, le enseñó. Su amigo, ahora está trabajando en un circo en Querétaro y a él le gustaría hacer lo mismo. Comentó que practica las diferentes técnicas de malabar con otro de sus compañeros que están en un colectivo, ubicados en el coloso y también estudia teatro en la casa de la cultura de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro).

Durante cinco o seis horas, el artista urbano Ángel dedica su espectáculo realizando acrobacias malabar con golo a cambio de unos cuantos pesos. Con el dinero que logra recaudar, donde a veces se gana 300 pesos al día, costea su vestuario, comida, renta y le compra croquetas para su mascota “Hippie”, un perro labrador de cinco meses que ha vivido aventuras con él y recorrido hasta el momento varios estados del país realizando la misma actividad.

Con su show urbano, él expresa lo que le gusta pero también pide que la gente valore lo que hace sin necesidad de que le den una moneda, durante su espectáculo que ofrece en 60 segundos en un crucero cuando el semáforo está en rojo. La meta de Ángel, este joven de 21 años, es juntar a todos sus compañeros que expresan su arte circense en las calles, conformar un colectivo y llevarlo a un gran escenario donde la gente aprecie lo que ellos hacen.

Por el momento, bajo los fuertes rayos del sol y el calor, los jóvenes que se dedican al arte circense, entre ellos Ángel, expresan su talento en los cruceros. Pero también en escuelas de comunidades rurales o colonias de Acapulco po parte del colectivo de jóvenes que se dedican al baile urbano, break dance, acrobacias, malabares, entre otros.

Sin embargo, expresó que tanto para él y sus compañeros lo que hacen en las calles es su pasión y es por eso que se siguen preparando.

En ocasiones Ángel realiza malabares aéreos con golo, donde sus instrumentos son hechos por dos tubos de aluminio, goma de látex y mechas de hilo o agujetas.

“Hago malabar con golo, y manejo dragones, me pongo diesel y a veces busco otro método para no dañar los dientes y el organismo y también hago clown, que es payaso tradicional”, señaló. Dijo que lo que él hace en los cruceros de las avenidas de la Costera Miguel Alemán lo realiza con gusto y trata de transmitir alegría.

“Trabajo durante cinco horas para que la gente aprecie lo que se hace en un semáforo”, agregó. Con ideas de salir adelante, el artista callejero aseguró que seguirá capacitando y aprendiendo más, incluso su sueño es formar una escuela de arte circense.

Él considera que todo lo que ha aprendido y el realizar malabares en las esquinas de los semáforos son facetas de su vida. Recordó que antes, al ver a los jóvenes que ahora son sus compañeros haciendo acrobacia en las calles, pensaba que eran “unos drogadictos y malvivientes”.

Pero ahora que está de este lado, se da cuenta que nada de eso es cierto y él es uno de ellos. Aseguro “que no es un drogadicto ni mal viviente, simplemente hago lo que me gusta, de eso vivo, de eso me mantengo y seguiré haciendo arte circense”.