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Obama, exjugadores y amigos despiden a Dan Rooney

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PITTSBURGH (Agencias).- El expresidente Barack Obama figuró entre las personalidades de la política y el deporte que asistieron el martes a los funerales de Dan Rooney, el presidente de la junta de los Steelers de Pittsburgh.

La misa católica de 90 minutos en la Catedral de Saint Paul y la diversidad de los asistentes ilustraron las contribuciones realizadas por Rooney no sólo en el ámbito deportivo, donde ayudó a convertir un equipo moribundo en una orgullosa dinastía de campeones.

Rooney fue protagonista en la redefinición de la NFL moderna, e intentó mitigar las tensiones regionales, como embajador de Estados Unidos en Irlanda, donde estaban sus raíces. Y pese a su trascendencia, nunca dejó de ser un ciudadano común de Pittsburgh, dedicado a su familia y seguidor de su fe.

“Era un lugareño de Pittsburgh”, dijo el cardenal Donald Wuerl. “Y representaba lo mejor de nosotros”.

A la derecha en la espaciosa iglesia se sentaron cientos de jugadores actuales y retirados, desde los miembros del Salón de la Fama, Joe Greene y Franco Harris, hasta las estrellas actuales de los Steelers, Ben Roethlisberger y Antonio Brown, pasando por otros que tuvieron carreras más modestas, pero que de todos modos recibieron de Rooney el trato que suele darse a los hijos y nietos.

En las filas centrales se colocó Roger Goodell, el comisionado de la NFL, así como su antecesor Paul Tagliabue. Ambos confiaron en el consejo de Rooney.

Adelante estaba Obama, buen amigo de Rooney, junto con el exsecretario de Estado John Kerry. Ambos rindieron homenaje al legado del dirigente deportivo y expresaron palabras de consuelo a su esposa Patricia, su hijo Art II y el resto de la familia.

Se entremezclaron así parientes, amigos y personas que nunca conocieron personalmente a Rooney pero que quisieron decirle adiós.

“Él nunca perdió esa actitud de una persona común”, resaltó Wuerl.

Quizás la causa fue que Rooney nunca se consideró superior a los demás, ni siquiera después de transformar en multicampeones a los Steelers, ni de unirse a varios exjugadores como miembro del Salón de la Fama en 2000. Tampoco cuando se convirtió en el primer embajador estadounidense en visitar los 32 condados de Irlanda, ni cuando llamaban a su teléfono hombres poderosos que pedían su opinión en momentos difíciles.

Rooney, quien incorporaba la misa matutina a su rutina diaria, solía llamar a Wuerl desde Irlanda. El cardenal contestaba el teléfono y decía “hola, señor embajador”.

“Soy Dan”, aclaraba Rooney.

No había formalismos. Ése no era el estilo de Rooney. Cuando había un proyecto por hacer, ya fuera un nuevo contrato televisivo entre la NFL y sus socios, la construcción del Heinz Field para reemplazar el Three Rivers Stadium, la contratación de un jugador o la creación de una beca escolar, Rooney prefería trabajar con discreción, detrás de las bambalinas.

Wuerl recordó una de las máximas favoritas de Rooney.

“Puedes lograr cualquier cosa si no te importa quién se lleva el mérito”.