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Octaviano Dionisio Santiago: un quijote de la costa

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“Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”

 

Por Martín Hernández González.

WEH Ya empezaste con tus pendejadas, soltaba de vez en cuando acompañando el reclamo con una sonrisa. Ajeno al culto a la personalidad aquí nos tiene el día de hoy, recordándole. Hombre excepcional –de los imprescindibles, dijera el bardo- surcó el siglo con su huella y sin aspavientos, ya del brazo de Lucio, ya del de Cárdenas.

Admirador del cura de Carácuaro abandona su aspiración clerical por las veredas de la guerrilla y las de la democracia, al “entender a mí manera muy primitiva de que la justicia no es un asunto celestial, la justicia es un asunto de la tierra y que entonces había que pelear aquí en la tierra y no esperar la llegada al cielo”.

Su andar con la Brigada reconociendo el terreno, estrechando la relación con las comunidades, formando ideológicamente al grupo, organizando a la base social del futuro Partido de los Pobres, lo asume con total entereza y naturalidad como quien se dirige diariamente al trabajo sin que en ello le vaya la vida.

Aquel hombre que fuera comisionado por Lucio para organizar al partido en la ciudad, no duda en cumplir la nueva tarea; lejos de la protección de la montaña se dirige a la urbe que lo acogerá hasta el final de sus días. Revendedor de libros de marxismo aprendió a gozar de la lectura muy pronto: de la Revista de la URSS a Tolstoi y Lenin sólo había un paso, no así de la de Pagés Llergo a la de Almudena Grandes.

Humano al fin, no escapó a las veleidades propias de los mismos: como extraído de Los días terrenales o Los errores fue presa de un demonio al que sólo él conoció y con el cual convivió hasta el final de sus días, como él quiso: dueño de su destino y de su alma.

Puente generacional, con su sencillo actuar marcó distancia de los comandantes que dormían plácidamente arropados mientras la guardia se congelaba afuera, así como de aquellos perredistas que hicieron de la ambición personal su única razón de vida. Sencillo, prudente, jamás hizo alarde de los galones que la mayoría le reconocía. Elevado a lugarteniente de Lucio por el procurador de Querétaro y el reportero del uno más uno, señala que “es más no había grados ahí en la guerrilla, yo fui un compañero de ellos por un tiempo, acabo de salir de prisión y ni siquiera estuve cerca de su muerte… si anduve con él un año y hice esto pero hasta ahí… Y a otro día me presentan, estaba de moda el uno más uno, eso me sirvió, me daban una importancia que yo no tenía, ‘¿es lugarteniente?’, de corazón hubiera querido decir si soy lugarteniente pero no tienes que ser tan abusivo ¿no?” Amante de su tierra, sus palmeras, y su Peregrina -aquella de los labios purpurinos-, se niega a exiliarse en Cuba como otros presos políticos canjeados por la guerrilla urbana: “nosotros rechazamos cualquier salida del país en una carta abierta que lanzamos a los medios de comunicación, nosotros no participamos de ninguna idea de salir fuera del país…”

Excelente orador se llevó consigo muchos secretos, muchos sufrimientos, algunas culpas y lo mejor de aquella vieja izquierda generosa y combativa. Quijote costeño cuyo descanso es el luchar se mueve indistintamente en la montaña, la cárcel o la ciudad. Hombre de su tiempo, un día empuña las armas, otro las urnas.

Luchar, luchar, luchar: a eso vino a ésta vida, sin estridencias y sin pretensiones: “solamente hice lo que tenía que hacer”. En 1965 es detenido por primera vez a la edad de 14 años, su delito: hacer pintas y repartir volantes amparado en la oscuridad de la noche, y de ahí hasta acumular 13 detenciones el 30 de septiembre de 1978 en Querétaro, donde de nada le valió pelear con uñas y dientes contra sus captores, ya que la Browning que portaba en un morral le había quedado a unos metros de distancia. La salvaje tortura a que fue sometido, entre otros por el infame de Acosta Chaparro, no fue suficiente para destruir al organizador que llevaba dentro.

Trasladado a la cárcel de Acapulco se establece con sus compañeros hasta formar prácticamente un autogobierno al interior de la misma. En enero de 1982 es amnistiado por el régimen de Alejandro Cervantes Delgado y se incorpora a la lucha del Consejo General de Colonias Populares de Acapulco y del Partido Mexicano Socialista. Del niño aquel que luchó en el Frente Electoral del Pueblo contra la candidatura de Díaz Ordaz, al hombre que fue entusiasta militante del Partido de los Pobres, de las Fuerzas Armadas de Liberación, de la Unidad Popular Guerrerense, del Frente Democrático Nacional y del Partido de la Revolución Democrática, mucha historia había corrido, y muchos compañeros habían quedado en el camino también.

La construcción de la Comisión de la Verdad del estado de Guerrero no puede entenderse sin Octaviano, quien ya enfermo empujaba al grupo promotor, quien aún en la desazón y el enojo mantenía la esperanza. Con ella culminaría una admirable hoja de servicios prestada siempre a los demás. Se lo debía a sí mismo, a sus hermanos de lucha y a tantos compañeros perdidos.

Y por su parte cumplió. Hombre sensible, más de una vez enjugó las lágrimas de su rostro: una vez por Lucio, otra por un camarada desaparecido, siempre por alguien perdido. Ya descansa en paz capitán. Ya estás junto a Lucio y a los que siempre buscaste. Ya es hora de detenerse, o quizás no, y entonces síguele y espéranos, pero que no sea muy pronto. Y como decía el prócer, aquel que nos diera patria: ¡Salud y Libertad! ¡Viva Octaviano Santiago Dionicio!