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Salvador Rangel Mendoza, el Obispo “incómodo”

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La vergonzosa petición de Florencio al Obispo de Chilapa:

No denunciar más la complicidad de autoridades con delincuentes

 

*** Ante su fracaso contra la delincuencia, el gobierno de Astudillo le pide tregua al prelado; le dice que si sigue denunciado, también su vida corre peligro

 

*** El Obispo la aceptó, entrará en “cuarentena de silencio”, pero no se desdice de lo dicho

 

Por Natividad Ambrocio

Al reconocer que sus declaraciones han causado molestia entre las autoridades y partidos políticos, el obispo de la diócesis Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, informó que acordó una tregua de declaraciones con el secretario general de gobierno Florencio Salazar Adame, a quien le pidió que garanticen la seguridad de los integrantes de la iglesia católica.

Entrevistado en Iguala, luego de dar posesión como nuevo párroco de la iglesia de San Gerardo María Mayela, al sacerdote Felipe Vélez Jiménez en sustitución de óscar Mauricio Prudenciano González, quien brindara atención y fundara, junto con las más de 400 familiares de víctimas de desaparición forzada, el grupo de Los Otros Desaparecidos de Iguala.

Monseñor Rangel Mendoza, informó que sostuvo una reunión privada con el secretario de gobierno, Florencio Salazar Adame, debido a que el gobernador del estado se encontraba en el tianguis turístico, mencionó que conversaron de diferentes temas entre ellos de la violencia que hay en el estado y las limitaciones que tienen como gobierno.

Al cuestionarle si el secretario de gobierno le hizo una llamada de atención por sus declaraciones, el eclesiástico respondió que no y que sólo le explicaron cómo están las cosas y entonces entendí que todo se le sale de control y yo quiero hacer mi papel como obispo de ayudar tanto a unos como a otros, “no quiero tener enemigos de un lado o de otro porque mi papel es de conciliar y no de politizar”.

Añadió que en el encuentro con el funcionario estatal, expuso sus puntos de vista en cuánto a la violencia que han sufrido los sacerdotes y religiosos, en tanto Salazar Adame, le expuso las limitaciones que tienen como gobierno al no tener el apoyo del gobierno federal, por lo que el planteamiento del gobierno del estado es que mantendrán un acercamiento y dialogo permanente como constante.

Respecto a que sus declaraciones han causado molestia y polémica en varios sectores entre ellos en los partidos políticos, dijo que ha dicho lo que ha pensado, si ayuda bien y si no que el pueblo se los demande a los representantes de los partidos y aquellas personas que se molestaron, “porque al final se aproximan las elecciones y dependerá de la responsabilidad de los ciudadanos”.

Comentó que el gobernador quiere hablar con él incluso mencionó que Astudillo Flores es su amigo, pero que han descuidado ese acercamiento entre ambas partes, por ello dijo que en cuanto haya ese acercamiento le refrendará su agradecimiento por el apoyo y que en cualquier momento sostendrá un encuentro con el gobernador.

A su vez, rechazo que haya un rompimiento con el mandatario estatal. “Ser gobernador es algo difícil como ser obispo porque debe conciliar muchos intereses, por lo que ya no hablaré del tema de violencia, porque causo molestias en mucha gente y no busco polémica ni que la gente se sienta mal, y yo mismo me he impuesto una cuarentena en lo que se calma los ánimos pero no me desdigo de las opiniones que hecho sobre la violencia”, expresó el obispo Salvador Rangel.

¿Qué ha dicho el Obispo de Chilapa-Chilpancingo como para que se le pida una tregua por parte del gobierno de Astudillo?

Entre otras cosas: que las autoridades del estado y otras federales no combaten realmente al narcotráfico ni a la delincuencia organizada porque no les conviene, ni política ni económicamente.

“Aquí entra una parte muy delicada, pero en el fondo se juegan cuestiones políticas y se juegan las tajadas económicas, las gratificaciones y la repartición de dividendos, y esto, a ciertas alturas no quieren que esto se toque, porque ya no funcionaría bien el sistema aquí en Guerrero”.

–¿Con la legalización de la siembra de la amapola se acabaría el negocio?-, le preguntaron al Obispo en una entrevista que dio

Ciertamente. Se produce y se siembra la amapola que yo de ninguna manera puedo condenar, porque son campesinos que no tienen otra manera de vivir, porque es muchísima gente que está muy pobre.

No son los narcos del norte o del centro de México, yo los llamo simplemente agricultores; ellos recogen la goma de opio, pero todo eso tiene una distribución. Es lo que yo he dicho, cuáles son los caminos, porque cuando pasa la droga cierran un ojo y el otro también.

Y el día que pararan la salida de la droga, ya no les convendría a los sembradores y a los procesadores. Yo no creo que el gobierno sea tan inocente para que no sepa de los caminos de la droga.

Por todo ello es que, además, ha sido también un severo crítico de los famosos operáticos, los cuales ha dicho el Obispo no funcionan por la complicidad de autoridades con el crimen organizado.

“Ahí está Chilapa, Chilpancingo y Acapulco, en donde la inseguridad es latente”, ha dicho el obispo, quien causó revuelo cuando el año pasado dio a conocer que ha dialogado con líderes del narco en diversas regiones del estado para solicitarles no hagan daño ni a la gente ni a los sacerdotes.