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“Si nuestros familiares regresan a casa, estaremos desenterrando una verdad”

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Entrevista¬ Azul Ramos

Foto¬ Javier Verdín

 

La desaparición forzada de miles de ciudadanos es una tragedia continua en Guerrero.

A la fecha, ninguno ha vuelto a casa con vida. De la mayoría ni siquiera se sabe si siguen o no con vida.

El dolor y la angustia, pero también la esperanza, son los motores de personas como Mario Vergara Hernández, quien encabeza la búsqueda de desaparecidos en Huitzuco, en la Zona Norte del estado. Él busca a su hermano Tomás Vergara Hernández, desaparecido el 5 de julio de 2012, pero también a los desaparecidos de otras familias.

Mario pertenece al grupo de padres, madres y hermanos que se unieron a la búsqueda de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa.

La búsqueda de los estudiantes desaparecidos propició que cientos de familias que sufren la misma tragedia que los padres de los normalistas, se organizaran para rastrear en cerros y laderas.

“Estar con los padres y madres de los estudiantes me ha enseñado a buscar en cualquier lugar, ya sea en el campo o en fosas clandestinas”, cuenta Mario.

En dos años de búsqueda, se han recuperado 150 cuerpos y más de mil huesos abandonados en los cerros de  Guerrero.

“El gobierno va mentira tras mentira, es muy bueno para engañar”, recrimina Mario. Sin embargo, “eso mismo me motivó a unirme a otras familias que buscaban a sus desaparecidos. Si encontramos huesos, salvamos vidas, porque encontrar huesos ayuda a calmar el dolor de quienes los buscamos, porque hasta ese momento sabes si tu familiar desaparecido está muerto, y eso puede calmar el dolor”.

La última vez que Mario vio a su hermano fue cuando Tomás salió a trabajar.

Tomás era chofer de taxi y ese día visitó a su abuelo, en un hospital de Huitzuco. Al salir, lo desaparecieron.

De 2012 a la fecha no se ha sabido nada de Tomás, pero Mario sigue marchando y buscándolo, acompañado de otros, que también buscan a los suyos.

“Los papás de los 43 me han enseñado a soportar el dolor y salir a buscarlo; muchas veces entrevistamos a los vecinos, a la gente que vio por última vez a nuestros familiares. Hacemos lo que el gobierno debería hacer, en vez de decirnos que no cuentan con presupuesto.”

En la carpeta que hizo Mario con el caso de su hermano Tomás están números telefónicos a los que llamo antes de que lo desaparecieran.

“No hay ni un avance por parte del gobierno. Las familias y yo hacemos lo que ellos deberían estar haciendo. Todos los cuerpos que se han encontrado han sido gracias a la gente”.

“Si nuestros familiares regresan a casa, estaremos desenterrando una verdad”, remata Mario.

Machetes, resorteras y un corazón lleno de valor y esperanza por encontrar a sus hijos y hermanos, son todo el armamento que los padres y madres de los 43 desaparecidos y las cientos de personas que se han sumado a búsqueda llevan a las exploraciones.

Una de las primeras dificultades que surgen son el financiamiento para la búsqueda: “dejamos nuestras vidas, casas, y a la hora de buscar, se pierde lo poco que uno tiene”.

Para Mario, la situación es agobiante, porque “el gobierno no funciona para defender a su pueblo. En este país pasas a ser una cifra más de desaparecidos o asesinados”.

El peligro es una constante: “queremos encontrarlos a todos, pero no nos hemos podido meter a buscar en muchas partes porque corremos el riesgo de toparnos con gente mala, que está mejor armada que nosotros. Así que engaño a mi dolor buscando en donde puedo y ayudando a encontrar a otros, porque es una forma de encontrar en otros a mi hermano”.

Sin dudar, ironiza: “México es un lugar mágico, donde desaparecen personas”.